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Para
mí la salsa
ha significado la oportunidad de explorar
una parte de mi identidad que no se encuentra
arraigada a mi árbol genealógico
o a mi herencia étnica, sino más
bien a una experiencia cultural. Soy descendiente
de judíos ucranianos y de italianos
genoveses, de alemanes y de españoles.
Crecí en el Perú y estudié en
la escuela norteamericana de Lima (The
American School of Lima), donde los estudiantes
bailábamos a ritmos de rock moderno
(mayormente en inglés), y vestíamos
a la moda con prendas compradas en viajes
a Estados Unidos. La música tropical
no tenía lugar en mi círculo
juvenil. Sin embargo, a los 15 años
fui de viaje a República Dominicana
y descubrí mi pasión por
la salsa. Había una discoteca cerca
de mi hotel donde iban a bailar los lugareños.
Fue en este local, no en las discotecas
turísticas de moda, donde dejé llevarme
por una música que me parecía
exótica y extranjera, pero que a
su vez retumbaba en mi alma. Había
algo en la música salsa, en su ritmo
contagioso, su percusión sofisticada
y sus acordes de piano definidos, que me
otorgaban una experiencia completamente
orgánica y natural; ese baile me
pertenecía, era completamente mío,
y a su vez yo me sentía parte de él.
Tenía la sensación no de
“recoger” un baile nuevo, sino más
bien de descubrir algo que ya habitaba
dentro de mí desde siempre. La salsa
palpitaba dentro de mi centro, era una
parte de mi esencia que nunca antes había
explorado. Sólo entonces, rodeada
de mujeres y hombres dominicanos, pude
conocerla libremente, ¡y lo hice
con mucho gusto!
Más adelante, a los dieciocho años,
dejé el Perú para estudiar
como becaria en una universidad de New
Hampshire en los Estados Unidos. La mayoría
de estudiantes en Dartmouth College eran
norteamericanos blancos; los pocos latinoamericanos
que asistíamos éramos muy
unidos. Nos gustaba compartir aquello que
teníamos en común, ya fuéramos
de Ecuador, Costa Rica, México,
Colombia, Chile, Panamá, República
Dominicana, Argentina o Perú. Celebrábamos
los elementos de nuestra identidad latina
colectiva y protegíamos lo nuestro
con recelo. De esta manera, me forjé una
identidad Latina diferente a la identidad
peruana que había desarrollado creciendo
en Lima: y esta “nueva” identidad la vivía
con intensidad y emoción. (Empleo
el término “forjar” de manera deliberada:
en un momento específico opté por
resaltar y reforzar una parte de mi identidad
que afianzaba mi relación con mis
compañeros latinoamericanos. Estoy
agradecida de la oportunidad de explorar
un aspecto de mí tan ligado a la
identidad colectiva como a la identidad
individual.)
Durante
esta época, el baile continuaba
siendo una experiencia de goce, y yo deseaba
compartirla con otras personas, dentro
y fuera de mi círculo de amigos
más cercanos. Por otro lado, el
baile era una de las únicas actividades
que resaltaban mi identidad Latina sin
necesidad de revivir experiencias de lucha
política o de discriminación.
Bailar era el momento para sentirse feliz
y orgullosa de nuestra herencia cultural
y dejar atrás el yunque pesado de
nuestra historia. (Mi historia era, nuevamente,
una conección cultural con la gente
de mi patria, una conección más
fuerte que la que sentía hacia mis
ancestros judíos o italianos. Me
sentía peruana por sobre todas las
cosas.)
Fue
en la universidad que empecé a
dar clases de salsa. Enseñar salsa
me permitió redescubrir el baile
de una manera completamente nueva, ya que
necesitaba articular en palabras algo que
hasta entonces habitaba dentro de mí como
un sentimiento. ¿Cómo puede
uno traducir una emoción que nace
y fluye de lo más profundo de uno
mismo y que se expresa en movimiento? ¿Cómo
puede uno dividir la expresión corporal
en pasitos definidos que puedan ser descritos,
demostrados, repetidos y corregidos? ¿Más
aún, cómo puede uno compartir
este sentimiento y convertirlo a lenguage
y ejemplo para un grupo de intellectuales
norteamericanos? Las clases se convirtieron
en un ejercicio de exploración cultural
y lingüística, tanto para mis
alumnos como para mí.
La
salsa en los Estados Unidos me ha permitido
explorar lo que
significa ser Latina de
una manera que mi propio país no
me concedía. También me ha
permitido explorar un rol de género
que no me había concedido a mí misma.
La salsa es un baile que debe ser compartido
por dos personas: una que “lleva” y la
otra que se “deja llevar”. Como profesora
de baile, muchas veces necesitaba “llevar”.
Sin embargo, el mayor placer estaba en
ser llevada: “dejarme llevar” me presentaba
la escasa oportunidad de seguir a otro,
de tomar respiro de mi existencia como
mujer “fuerte e independiente”. Bailar
salsa era el momento de soltar las preconcepciones
de mujer moderna y sumergirme en un mundo
de ritmo y sensualidad. Esos momentos en
que te dejas guiar por tu pareja sólo
con cambios en la presión de su
mano en tu espalda, mientras que el contacto
entre sus cuerpos nunca se rompe...es un
placer inmenso. En esos momentos, siento
que no sólo bailo, sino que me conecto
con una parte de mi esencia que goza al
ser.
Podría
hablar de la salsa en los Estados Unidos
como un acto político,
ya que manifiesta la necesidad de diferenciar
nuestra identidad Latina dentro de una
fuerte corriente (mainstream)
norteamericana. Pero a mí me cuesta
hablar de salsa y política porque
no quiero que el baile suene como una actividad
reaccionaria:
yo no bailo salsa por “dar la contra” o
por un simple rechazo al mainstream. Bailo
salsa porque es una parte de mí que
me produce sentimientos de gozo. (Quiero
escribir que bailo salsa por puro placer,
y no como una reacción a mi entorno...pero
por otro lado, ¿tendría acaso
interés en escribir estas líneas
si de alguna manera no pensara que mi identidad
se encuentra amenazada en los Estados Unidos? ¿Enseñaría
salsa si no me sintiera sofocada bajo capas
de cultura blanca norteamericana? Sé que
todo esto es cierto. Opto por enfatizar
un aspecto de mi identidad, pero este aspecto
es sólo una de muchas partes de
mí; la elección en sí misma
es ya un acto político, como diría
Donaldo Macedo.)
Entonces, ¿qué sucede cuando
enseño salsa? ¿Estoy “blanqueando”
el baile para otros, tratando de poner
en palabras un movimiento fluído,
tratando de explicar un sentimiento y viéndome
obligada a utilizar términos trillados
como “sexy” o “sensual”? ¿O acaso
estoy “oscureciendo”/“latinizando” a aquellos
que me rodean? Quisiera pensar que en este
sentido yo tengo un efecto mayor sobre
los demás que vice versa, pero sin
embargo es un tema que me da mucho qué
pensar. Podría también cuestionar
el hecho de haber escrito estas líneas
originalmente en inglés, e inclusive
cuestionar el haber querido escribir algo
sobre la salsa—intelectualizando mi experiencia
y buscando expresar con lenguage un baile
que siento como el palpitar de mi corazón.
Pero acepto que conocerme mejor es un proceso
y que necesito entender la relación
entre mi identidad y los diferentes aspectos
culturales que me rodean y que son parte
de mí.
¿Cuál es mi opinión sobre
la comercialización de la salsa?
Pues en general prefiero los sonidos tradicionales
a la nueva onda de “salsa hip-hop”. Me
parece que la salsa moderna es más
artificial; está creada para consumisión
masiva por un grupo de gente rodeada de
vida artificial y distanciada de su esencia.
Para que sea fácil de consumir (y
por lo tanto, de vender), deja atrás
la sofisticación que invita a la
reflexión y a una conexión
esencial. Para mí la música
moderna, al ser mayormente electrónica,
deja de lado el componente más humano.
La música artificial crea una barrera
entre el baile y el bailador; alejan el
sonido y el movimiento de esa esencia que
afortunadamente pude descubrir una noche
en una discoteca local de la República
Dominicana. Quisiera decirle a aquellos
que no conocen el lado íntimo de
la salsa tradicional: “No necesitan disfrazar
la música con acordes electrónicos,
ni tampoco diluirla entre ritmos de hip-hop.
Disfruten y vivan la salsa real, ¡o su
viaje no será lo suficientemente
profundo para poder descubrir algo esencial
y maravilloso!”
Preguntas para reflexionar
1. Discuta los siguientes temas con sus
estudiantes: Las dificultades de la autora para expresar/
“traducir” el movimiento en palabras. La
descripción proporcionada por
la autora sobre su “esencia” y su ser...¿qué creen
ustedes que trata de comunicar?
La
percepción (de la autora) sobre
la salsa y la influencia de la vida
moderna.
2.
Escriban una pieza de diario
(individual) que responda
a las siguientes preguntas:
¿En qué momento, o durante qué actividad, te sientes verdaderamente
tú mismo/a? ¿En qué momento logras conectar con tu “esencia”?
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